Sailor Moon Gold Star un lugar de amistad

 

 

 

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Fan fic Golden Warrior

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Fan fic Golden Warrior

Mensaje por Gwarrior el Mar 10 Feb - 16:15:49

Me gustaría publicar un fan fic mío, al menos el primer capítulo y después si está permitido, poner un link a mi blog en donde tengo toda la serie. La historia narra las vivencias de las cautro hermanas Ayakashi tras ser convertidas en mujeres normales. ¿Qué les sucedió?. ¿Cómo orientaron sus vidas?. ¿Siguieron manteniendo la amistad con las sailors?. La historia comenzaría dos años después, allá por 1995. Las Guerreras ya habrían vencido la amenaza de Galaxia. 


Aquí os dejo el primer capítulo. Espero que os guste.

Capítulo 1.Concesión de la beca.
 
 
Tokio capital un soleado atardecer, en el barrio céntrico de Minato, en Roppongi Hills, en un elevado piso de un bloque de apartamentos. Allí, viven desde hace algún tiempo las cuatro hermanas Malinde, las ex-Ayakashi, que trabajasen para la derrotada Luna Negra de Némesis, el planeta número diez del Sistema Solar.
 
 
            Tras ser vencidas por las guerreras y transformadas en personas normales abrieron una tienda de cosméticos y belleza, al principio un pequeño puesto llamado "Beauty Quarteto", del que, amparadas por sus conocimientos en la materia y su arduo trabajo, lograron prosperar. Después de poco tiempo se decidieron a adquirir la prestigiosa tienda Otafukuya, aprovechando que los dueños hacían liquidación por final de negocio. Mientras tanto, las dos hermanas pequeñas se interesaron en estudiar la carrera de magisterio logrando superar los dos primeros cursos, comprimidos en unos meses, con excelentes notas. Animadas por sus hermanas mayores, sus amigas guerreras y ellas mismas, solicitaron una beca para cursar su último año en el extranjero. Querían perfeccionar sus técnicas en pedagogía y en idiomas. Como habían estudiado inglés en la especialidad, se decidieron por una universidad Británica o de los EE.UU.
 
 
            Al cabo de pocos meses, Cooan, la hermana más joven, alta y esbelta, de largo y rizado pelo oscuro y unos hermosos ojos violetas, bajó a recoger el correo y descubrió entre las cartas una sellada con el membrete del Ministerio de Educación. La abrió con gran impaciencia y tras leerla sus ojos se abrieron como platos y sonrió. Sin poder contener su entusiasmo empezó a dar saltos en el portal ante la atónita mirada de algún vecino que subía y bajaba por ahí.
 
-¡Ah, lo conseguimos, que alegría! ¡Tengo que subir a contárselo a las demás!
 
 
            Estaba tan excitada que ni siquiera se acordó de coger el ascensor. Subió trotando por las escaleras como una exhalación. Llegó jadeando. Abrió la puerta del piso y la dejó cerrarse con estrépito. Mientras, repuesta apenas del esfuerzo y recobrando aire entre resuellos, todavía fue capaz de entrar gritando y brincando de alegría, atravesar el hall y precipitarse en el interior del salón.
 
-¡Chicas, lo logramos, Bertie, Kalie, Petz, venid a ver esto!
 
 
            Petz, la mayor de las cuatro hermanas, alta, de pelo verde oscuro recogido en un moño y ojos a tono, estaba haciendo un castillo de naipes para matar el lánguido aburrimiento que la embargaba a esas horas de la tarde. Trabajosamente acababa de colocar la última carta en la cima cuando los gritos de la recién llegada la sobresaltaron y le hicieron tirar toda la construcción. Se levantó hecha una furia y le chilló a su hermana.
 
 
-¿Se puede saber a qué viene tanto escándalo, Cooan? ¿Tú sabes las horas que me he pasado para levantar este castillo? - La recriminó visiblemente contrariada en uno de sus característicos arranques de genio. -
 
 
            Karaberasu, la segunda en edad, salió de su dormitorio atraída por el revuelo. Lucía una mascarilla de belleza hecha a base de rodajas de pepinillos, con su castaño pelo recogido por un elegante lazo rojo. Sus inquisitivos ojos color miel escrutaron la escena. Divertida, se acercó a la enfurecida Petz y dijo en tono burlón.
 
- Debe de habernos tocado algún premio en uno de esos concursos tan bobos a los que escribe Cooan.
- Te equivocas - respondió ésta sacando la lengua a sus hermanas para desvelar. - Mucho mejor que eso, chicas, no os lo vais a creer... ¿recordáis la carta que Bertie y yo mandamos solicitando una beca?  - Las sondeó con impaciencia por obtener una contestación afirmativa. -
- Sí ¿y qué?...- respondieron ambas al unísono. -
-¡Pues resulta que nos ha llegado contestación y nos la han concedido! - Exclamó Cooan alborozada  a la par que mostraba la carta agitándola en su mano derecha y señalándola con su otra mano. - Os la leeré.- Declaró atropelladamente para proseguir respirando algo más profundamente. -"Estimadas señoritas, recibida su solicitud y a la vista de su brillante expediente académico en sus dos primeros años del daigaku, dada asimismo la ampliación de becas en el presente año y teniendo en cuenta también el reciente acuerdo firmado entre el Ministerio de Educación y numerosas universidades extranjeras, etc., etc...(Recitó la excitada chica saltándose el resto de formulismos para ir al grano). Nos es grato comunicarles que nuestro fondo de becas les ha concedido el objetivo de su petición. El sufrago de viajes y gastos de matrícula y material en la universidad del país que ustedes seleccionen dentro de los adheridos al convenio. A tal efecto deberán personarse al plazo de diez días hábiles tras la recepción de esta carta en nuestro ministerio, trayendo sus expedientes académicos para la obtención de los respectivos permisos acreditativos. Dándoles la enhorabuena se despide de ustedes atentamente el Ministro de Educación Japonés, Monbukagakusho”
 
-¡Fantástico chicas! ¡Ya sabía yo que lo conseguiríais! - Exclamó Karaberasu de forma también eufórica. -
-¡Tengo que decírselo a Bertie!, se pondrá contentísima. - Replicó Cooan de igual modo. -
- Pues tendrás que esperar. No está, fue a visitar a Ami y aún no ha regresado.- Informó Petz muy contenta también pero haciendo gala de un mayor dominio. -
 
 
            Cooan asintió, aunque estaba realmente impaciente por contárselo a su hermana. ¡Eso era su sueño hecho realidad! Parecía increíble, tras esos dos años viviendo como mujeres normales, tras todo lo que habían pasado. Ahora, aquellos recuerdos le venían a la mente como un caleidoscopio de emociones e imágenes. Su propia lucha contra Sailor Marte, su terrible desengaño amoroso. La desesperación que la inundó entonces cuando se percató de que su superior simplemente la consideraba un instrumento. A punto estuvo de sacrificar su propia vida por una causa tan estéril como equivocada. Entonces, cuando más acorralada y desesperada se sentía, Marte se apiadó de ella y la salvó. Le dio ánimos y coraje para afrontar una nueva vida. Y ella aceptó el reto. Tras su redención, cuando Sailor Moon la purificó con la energía del Cristal de Plata, empezó  de cero. Dejó de usar su nombre de Némesis, Kermesite, y adaptó la versión de su país de adopción. Rei la ayudó a instalarse, incluso le ofreció pasar unos días con ella. Las demás chicas la rodearon enseguida aceptándola de inmediato como a una más del grupo. Supo lo que eran la amistad y el compañerismo. Aun así echaba de menos a sus hermanas. Por fortuna, a los pocos días Bertierite, como Bertie era llamada en la Luna Negra, apareció tratando de cumplir una misión. En aquella torre de ajedrez se enfrentó con Ami y a punto estuvo de vencer y de matar a las demás guerreras. Pero entonces fue abandonada por sus hermanas mayores. Cooan sabía lo que era sentirse repudiada y sola. Pudo convencer a Bertie de que el mundo podía ser un lugar maravilloso y, en lugar de apostar por el sacrificio inútil, su hermana confió en ella y se dejó purificar. Después ambas estuvieron más unidas que nunca. Incluso lograron persuadir a sus dos hermanas mayores a unirse a ellas. Juntas emprendieron el negocio, juntas lo habían sacado adelante. Sus amigas a veces las visitaban, aunque andaban siempre muy ocupadas. Tras unos meses apenas sí las veían. Sucedieron otras cosas, caos y momentos en los que ellas, como el resto de la población, se vieron afectadas por extraños sucesos que luego apenas sí recordaban. Posiblemente nuevos enemigos. Pero por suerte, todo parecía ir bien ahora. Y mientras tanto, ella y Beruche comenzaron a estudiar. Ahora, tras tanto trabajo les llegaba la recompensa.
 
-       Espero que no tarde mucho  - declaró  Cooan suspirando. – Así verá que siempre hay esperanza.
 
 
            No había terminado de pronunciar la frase cuando se oyó el sonido de la puerta cerrándose con suavidad. Era Bertie, la tercera en edad, que volvía sumida en sus pensamientos y musitando con ligera contrariedad.
 
 
- ¡Oh cielos! Ésta vez casi le gano, debería fijarme más en las jugadas. Siempre me hace lo mismo. Si hubiese movido ese alfil antes. Y debo recordar enrocarme. - Salió de su concentración al ver a sus hermanas visiblemente contentas. Saludándolas con la mano para asimismo sonreír. - Hola chicas, ya estoy de vuelta.
 
 
            Su hermana Cooan se abalanzó con ímpetu hacia ella tomándola de las manos mientras la apremiaba  nerviosa.
 
-¡Bertie...Bertie!...lee esto, ¡corre!- La urgió soltándola para entregarle a continuación  la ya arrugada y alisada misiva. -
 
 
            Con expresión de asombro y mirando atónita al resto de sus hermanas con sus ojos azul índigo y ante la sonrisa de estas, Beruche alisó una vez más la carta y la leyó. Apenas pudo ni musitar.
 
-       Es… esto es… ¿Es lo que creo que es?...
 
 
Su hermana menor asintió con una sonrisa. La chica dejó entonces que se desbordase su alegría. Ella y Cooan comenzaron a saltar de la mano y a dar jubilosos chillidos. Incluso la graciosa trenza de pelo azul pálido de Bertie se deshizo por los brincos que dio con su hermana esparciendo su melena sobre los hombros y el antepecho de la muchacha. Sus hermanas mayores las observaban sonrientes también. No era fácil desde luego que Beruche expresara de una forma tan abierta sus emociones. Era una chica bastante reservada. Y eso era prácticamente lo único que no había cambiado en ella tras su redención. La propia Bertie pensaba en ello. De siempre fue tímida y con una tendencia a la introspección. Era la más reflexiva de sus hermanas y la que menos gustaba de manifestar sus sentimientos, pero no  significaba que no los tuviera. Con la única con la que era algo más abierta era con Cooan, y eso porque era su hermana menor. Las otras al ser mayores siempre le habían inspirado más respeto. De su antiguo jefe Rubeus nunca se fio. Y en cuanto al resto de sus superiores sencillamente estaban muy por encima como para entablar ningún tipo de relación salvo la de obediencia a sus órdenes. Por ello, cuando Cooan las abandonó, ella fue la que más lo sintió. En un principio quiso ir de inmediato a cumplir la misión de anular uno de los cristales punto, pero también ansiaba comprender por qué su hermana las había podido traicionar así. Y lo cierto es que estuvo a punto de triunfar en su empeño. Descubrió la identidad secreta de  Sailor Mercurio, que no era otra sino Ami Mizuno. La que luego sería su oponente en aquella final de ajedrez.  Cuando terminó la partida y ella desveló quién era, atrapando a  las otras guerreras en una burbuja, estaba segura de haber obtenido el triunfo y de aniquilar a sus entonces odiadas enemigas. Pero las palabras de Ami rogándole que solamente la matase a ella en lugar de a sus compañeras la trastornaron. Sus hermanas mayores aparecieron entonces a su lado para reclamar también la victoria. En un principio eso le molestó, pero a fin de cuentas eran su familia. Lo que fue horrible para ella, llevándola casi hasta el extremo de enloquecer fue que, cuando sus planes se vieron frustrados, tanto Caraveras, (nombre de Karaberasu entonces) como Petz, la abandonaron a su suerte. En ese momento todo se nubló para ella, quiso desaparecer llevándose por delante a sus enemigos, al menos así sería recordada. Pero fue cuando su hermana Cooan apareció y logró convencerla de que no lo hiciera. No estaba sola, había personas a las que les importaba. Su corazón entonces pudo descongelarse y quiso creer en las palabras de su hermana menor, que no dudó en arriesgar su propia vida para llegar a ella. Eso la conmovió. Cuando por fin asintió deteniendo su ataque Sailor Moon la purificó. Aquella fue la sensación más maravillosa que jamás había experimentado. Bañada en aquel cálido resplandor sintió que se liberaba de una gran carga y que la esperanza anidaba en su alma. Después, junto con Cooan, se instaló en un modesto apartamento alquilado. Entró a trabajar en la misma tienda en la que estaba su hermana e hizo una gran amistad con las chicas a las que había estado dispuesta a matar. Se sorprendió del afecto y el apoyo que las sailors le prestaron. Y sobre todo, descubrió su gran afinidad con Ami. Su ahora gran amiga. Tras eso su hermana y ella lograron sacar del lado oscuro a sus otras dos hermanas. Eso fue algo maravilloso y todas juntas trabajaron y se afanaron en tener una vida feliz. Luego comenzaría a estudiar con Cooan y ahora, tras su escepticismo les llegaba esta estupenda noticia. Bertie nunca creyó que las fueran a seleccionar. En cambio Cooan siempre le dijo que no debía perder la ilusión. Debía reconocer que su hermanita tuvo razón. Ahora estaba saltando con ella dejándose llevar por la euforia…
 
-¡Lo logramos, es fantástico! - Coreaban ambas a voz en grito. -
- Chicas, esto hay que celebrarlo ¿Qué os parece si no abriéramos hoy? - Propuso de inmediato Karaberasu que nunca estaba muy por la labor de trabajar. Mientras las guiñaba un ojo con una cómplice sonrisa. -
- ¡No tan rápido!, - la cortó tajantemente Petz para argüir - lamento ser la aguafiestas, pero hoy es sábado por la tarde y se hace buen negocio. Sabéis que todavía nos queda mucho local por pagar, ya lo celebraremos mañana.- Las demás no tuvieron otra alternativa que darle la razón con un resignado coro de síes. -
- Voy a llamar a Ami, se llevará una gran alegría. Además, debo agradecerle lo mucho que me ha ayudado a estudiar. - Añadió Beruche que se dirigió hacia el teléfono. -
- Yo se lo diré a Rei, podemos quedar para celebrarlo - propuso Cooan muy ilusionada. -
-Muy bien – Afirmó aprobatoriamente Petz, aunque les recordó de forma inflexible como solía cada vez que se trataba de trabajo. - Pero no tardéis mucho, ya se lo contaréis todo con detalle mañana. Debemos ir a abrir a la hora en punto.
           
 
Las chicas asintieron y tras unas breves llamadas en las que solo les decían a sus amigas que deseaban verlas al día siguiente para contarles algo importante se dirigieron a la tienda. Era la hora de abrir y pronto llegarían las clientas. Ya tenían muchas que eran habituales, se habían ganado un merecido prestigio por allí. El local estuvo pronto abarrotado y sólo podían charlar aprovechando un descanso en los breves instantes en los que no entraba gente.
 
 
- Estoy tan contenta y tan nerviosa - sonrió Beruche iluminando su semblante. -¡Era tan difícil que nos concedieran la beca! ¡Fíjate!, éramos por lo menos cuarenta las que pugnábamos por seis plazas.
- Hemos tenido mucha suerte - admitió Cooan matizando eso si - pero también estudiamos mucho, de no haber sacado buenas notas nunca lo habríamos conseguido.
-¿Y qué vais a hacer chicas?- les preguntó Karaberasu. -¿A dónde queréis ir?
-Todavía no lo sabemos - repuso Bertie - pero ya lo decidiremos.
- Pues no os durmáis - las aconsejó Petz con su clásica prevención - esas cosas hay que resolverlas rápido.
-¡Qué ganas tengo de ver a las chicas! - sonrió su interlocutora - últimamente casi no vienen a visitarnos, ni siquiera por la tienda.
- Creo que tenían que enfrentar otra amenaza - dijo Cooan - pero Rei no me quiso contar mucho sobre eso...
- Es natural, nosotras ahora sólo somos mujeres normales y corrientes, no podemos meternos en esas cosas - añadió consecuentemente Petz para sentenciar. - Y me alegro de que sea así. Tenemos una vida muy intensa que vivir. Y también muy ocupada. – Remachó envolviendo un paquete con algunas cremas. -
- Por un lado me gustaría ayudarlas - intervino Karaberasu tiñendo su tono ahora de tristeza. -No dejo de pensar que ojalá hubiésemos tenido nuestros poderes cuando Zafiro…
- Kalie - le cortó Cooan preocupada -¡no hables de eso!..
- No te preocupes - intervino Petz con una débil sonrisa. - Eso ocurrió hace ya tiempo, lo he superado.
- Pues tienes que salir con algún hombre guapo e interesante - le aconsejó Karaberasu animando su tono con la intención de hacer lo propio con su hermana - como hemos hecho todas.
- Bueno. Casi todas – Sonrió Cooan observando de reojo a Bertie que opuso al darse cuenta. -
- Todavía no he visto a ninguno lo bastante interesante.
- A nuestras hermanitas tendrán que fabricarles los hombres de encargo. – Rio Karaberasu -
-¡Si, al parecer ninguno es lo bastante guapo para ellas! - rio Cooan sumándose a la chanza. –
- Pues tú tampoco te has prodigado mucho. – Repuso Petz dirigiéndose a ésta última. –
- Al menos he quedado con algunos. – Replicó Cooan que sin embargo suspiró ahora más seria. – Aunque es cierto que, de momento, no he encontrado a mi chico ideal. No quiero precipitarme.
 
 
            Las otras asintieron solidariamente. Todas recordaban alguna que otra salida con sus amigas las guerreras. Éstas les presentaron a varios compañeros del instituto al que iban pero eran chicos demasiado inmaduros. Además, ninguna se sentía con muchos deseos todavía de dirigir sus vidas por el camino del amor. No hasta que se hubieran integrado más plenamente y hasta que algunas otras cicatrices quedasen del todo cerradas. Sobre todo en el caso de Cooan que, tras su tremendo desengaño,  aun temía volver a equivocarse. Con Beruche la cosa era más simple. Necesitaba a alguien que pudiera estar a su altura en cuanto a su gran inteligencia, que la llenase en el plano personal y fuera capaz de fascinarla, y por supuesto, consideraba más importantes sus estudios y su futuro. Para Karaberasu la cosa era más diversión que interés romántico y sí que había flirteado con algún que otro hombre, pero ninguno le llegó a interesar en serio. Y Petz, bueno, guardaba como un tesoro sus breves instantes con Zafiro, el joven hermano del soberano de su mundo.  Aunque ella no quisiera admitirlo aquello aun dolía. De modo que se aprestó a replicar.
 
 
- Durante este último año hemos trabajado tanto que no hemos podido mantener ninguna relación estable, pero ya nos llegará, yo al menos no tengo prisa.
- Por lo menos yo me muevo, Minako y yo hemos ido alguna vez de discotecas y la he acompañado a alguna prueba de audición. La verdad, tenemos mucho éxito con los hombres - se sonrió Karaberasu - ¿Por qué no te animas un día, Petz? - Le propuso desenfadadamente a su hermana mayor. -
- Ya te he dicho que esos sitios no me gustan demasiado - contestó ésta sin mucho interés. -
- Pero, ¿ya no odias a los hombres, verdad? - le preguntó tímidamente Cooan. -
- No, claro que no, tonta – repuso la interpelada poniendo una mano en el hombro derecho de  su hermana pequeña agregando más distendida - no a todos, aunque algunos sean odiosos.
 
 
            Las chicas celebraron el comentario con risas, ¡desde luego eso era verdad! Pero tocaba centrarse otra vez. El descanso había terminado y nuevos clientes entraban demandando numerosos productos. Estaban encantadas, la venta de esa tarde se prometía muy sustanciosa. Continuaron el trabajo sin poder charlar más. Eran unas buenas vendedoras, sabían cómo hacer que cualquier mujer pudiera sentirse más bella e incluso más segura de sí misma. Aquel fue su eslogan cuando empezaron en su pequeño puesto. “Tú también puedes llegar a ser hermosa”. Y desde luego ellas daban ejemplo con su belleza. No obstante también debían saber crear el interés de su clientela. Aunque cada una tenía su propio estilo para lograrlo. Cooan era muy amable siempre y estaba dispuesta a ayudar a las posibles compradoras. Con su encanto y con su solícita forma de atender agradaba mucho  al público. Beruche no era tan cordial, siendo aun así agradable. Pero sí que resultaba muy convincente a la hora de dar argumentos de todo tipo, científicos y estéticos, de tal o cual crema podía ir mejor con el pH de la piel de cada mujer.  Karaberasu casi asaltaba a sus clientas con un entusiasmo desbordado y las contagiaba de aquel optimismo que exhibía con su labia. Enseguida envolvía a cualquiera con su forma de ser. Y Petz era muy segura en sus aseveraciones, amable pero firme. Quizás la más seria de las cuatro pero transmitía por eso mismo una total confianza y solvencia. Podría decirse que combinando sus talentos eran difícilmente superables en su negocio. Aunque aquello tenía la consecuencia de que el lleno casi estaba asegurado  y eso les suponía tener que trabajar de firme toda la jornada.  Así, tras un sábado agitado y provechoso llegó el esperado domingo. En su día libre aprovecharon en efecto para ver a sus amigas. Al menos a dos de ellas. En un céntrico restaurante de la ciudad estaban reunidas las cuatro hermanas junto a Rei Hino, nombre civil de Guerrero Marte, una muchacha de larga cabellera negra y ojos azabache que brillaban con unas pupilas violetas de un aire misterioso e inquisitivo y Ami Mizuno también conocida por las chicas como Guerrero Mercurio, de una apariencia más dulce y frágil que su compañera, pelo azul marino, y ojos a tono con su cabello, que reflejaban una gran inteligencia y serenidad.
 
 
- No sabéis cuanto me alegro por vosotras, chicas. ¡Os lo merecéis!,- sentenció Ami mientras se terminaba un plato de Espaguetis. -
 
            Rei asintió mientras devoraba un plato de Fugu (pescado crudo japonés) declarando llena de confianza y seguridad.
 
- Es cierto, habéis trabajado muy duro y estoy segura de que seréis unas magníficas maestras.-Se dirigió entonces a Cooan sonriendo de modo cómplice. - ¿Veis como tenéis un brillante futuro por delante?
- Muchas gracias - respondió la aludida, sonriente también. - Rei, tú tenías razón, os lo debemos todo a vosotras.
 
 
            La muchacha recordaba como aquella chica, a la que ahora conocía por su nombre real, pero que aquel tiempo fuera su enemiga Sailor Marte, la había salvado de su vida anterior y sobre todo de sí misma. En aquellos días Cooan servía  a familia de la Luna Negra y sólo estaba preocupada de cumplir con su misión y obsesionada con su amor hacia Rubeus, aquel maligno líder de su clan. Era como si unas cadenas invisibles la hubieran rodeado atándola a aquella perversa vida. Pero gracias a las guerreras pudo romperlas. Cuando rememoraba recordando aquella sensación de vacío y desengaño que la asaltó al creer haberlo perdido todo y cómo Rei se interpuso entre ella y la muerte, no podía dejar de mirar a aquella chica con un gran afecto y agradecimiento. Después, las demás sailors la ayudaron a ir convenciendo  poco a poco al resto de sus hermanas. Incluso más adelante, cuando ocasionalmente podía ver a Rei ambas charlaban mucho sobre los proyectos que tenían. Sailor Marte fue una de las que más la animó a ser maestra. Viendo que tenía gran aprecio por Chibiusa y que congeniaba bien con ella, así como con otros pequeños amigos de ésta. A veces en el santuario donde su amiga era sacerdotisa, Cooan había improvisado algunas clases con la Pequeña Dama y algunas amigas de la niña. Rei la observó con mucha atención y le comentó que enseñar a los niños sería una buena forma de ir reconstruyendo su vida para ayudar a los demás, paso a paso. Cooan convino en ello. Todavía tenía en mente un día en el que la nostalgia por su mundo natal la embargaba, hablando en el santuario le confesó.
 
 
-       Verás Rei. Cuando nosotras fuimos a servir al príncipe Diamante éramos muy niñas. Sobre todo yo. Que soy la hermana menor. Aún recuerdo como nos despedimos de mis padres, sobre todo de mi madre.
-       Tuvo que ser muy duro para vosotras. Os entiendo porque yo también veo a mis padres muy poco. - Le contestó su amiga no sin pesar. -
-       Es que… – Pudo musitar la chica tratando de controlar un sollozo sin conseguirlo -. Lo más triste para mí es que recuerdo la voz de mi madre, incluso su tacto al acariciarme Rei, pero, ¡no recuerdo su rostro! ¡Aunque me esfuerzo no logro recordarlo,  es como si solo oyese su voz dentro de mí!, pero no puedo ver la cara de mi madre.
-       ¡Oh Cooan, lo siento! Pudo decir ésta con visible lástima abrazando a su amiga cuando vio que la muchacha no podía evitar derramar unas lágrimas. - Pero debes tener fe.  Habéis recorrido mucho camino y seguro que lo mejor está por llegar. Estoy convencida, un día la recordarás.
 
 
Su interlocutora pudo sonreír más allá de sus lágrimas. Ahora sus pensamientos regresaron al momento en el que estaba y terció en la conversación preguntando.
 
- A propósito, ¿y las otras chicas?, ¿no han podido venir? - Quiso saber algo decepcionada. -Me hubiese gustado tanto verlas. - El resto de las hermanas asintieron con la cabeza apoyando ese comentario. -
- Bueno, esto,...es que están ocupadas - pudo responder apuradamente Rei que esbozó una estúpida sonrisa en la cara  en tanto una sospechosa gota de sudor perlaba su frente. -
-¿Hay problemas? - Inquirió Beruche con preocupación- ¿Es que se os ha presentado una nueva amenaza?..
- Nada de eso, ¡tranquilas! - respondió  desenfadadamente Ami que se rio de forma despreocupada mientras manifestaba - os lo explicaré, veréis. Usagi, Makoto, Minako, Mamoru junto a Luna y Artemis, están muy ocupados organizando mi fiesta sorpresa de cumpleaños.
-¿Queeeee´?...- exclamaron todas a un tiempo mirando a Ami con ojos como platos. Su compañera le preguntó anonadada. -
- Ami... ¿cómo sabes tú eso? Estamos a día 3 de septiembre, aún queda una semana. Es una sorpresa - desveló Rei que se encogió de hombros bajando la cabeza con resignación y suspirando decepcionada - o al menos lo iba a ser...
- Tendrías que ver lo mal que guarda Usagi un secreto, le oí contárselo a voces a Yuuichinou en el Santuario.- Replicó ésta sin poder dejar de reír. - ¿Te acuerdas Bertie?
 
 
            La aludida se sonrió a su vez, ¡ahora lo recordaba! Fue a finales de agosto, uno de esos días que había quedado con Ami. Las dos tenían por costumbre jugar alguna partida de ajedrez  o estudiar juntas. Lo bueno de ambas es que sus gustos eran muy acordes y sus capacidades intelectuales también. Si alguien era capaz de ayudar a Beruche con algunas asignaturas universitarias como psicología o inglés era Ami. Y si alguien podía prestar a su vez apoyo a la sailor en su empeño de prepararse bien para acceder a la carrera de medicina era Bertie a la que también le gustaban las ciencias.  Aquel día precisamente estaban repasando algunos apuntes de psicología en el santuario Hikawa porque solía ser un sitio muy tranquilo. Había un cuarto muy espacioso que Rei las dejaba utilizar, con un par de sillas y una gran mesa. Lo cierto es que un grito las sacó de su concentración. Ambas oyeron a Usagi que acababa de llegar y llamaba a aquel muchacho tan simpático, Yuichinou, que trabajaba allí.
 
-       Oye, ¿no te olvides, eh?- La fiesta del cumpleaños de Ami es el día 10 de septiembre. Procura tener lista la decoración. La haremos aquí, en el cuarto grande del Santuario.  ¡Verás que sorpresa le vamos a dar!
-       Vale Usagi, no te preocupes. - Repuso él con otro grito dado que su interlocutora ya se marchaba, contenta de habérselo recordado. -
 
 
Las dos muchachas se miraron atónitas, aunque a los pocos segundos se echaron a  reír. ¡Esta Usagi nunca cambiaría! Bertie recordaba aquello divertida. Si había una persona con la que hubiera desarrollado tanta complicidad como con Cooan era su amiga guerrera Mercurio. Si se llevarían bien que incluso hasta sus propias hermanas llegaron a pensar algo que, desde luego no era…lo cierto es que atando cabos, nunca la habían visto coquetear con chicos, ni en Némesis ni en la Tierra. Petz, por supuesto, tuvo ese romance fallido con Zafiro. Karaberasu no se privaba de fijarse en todo hombre guapo que se le cruzaba en el camino y coqueteó con varios alardeando encima de ello, y Cooan todavía estaba herida, pese a que no quisiera muchas veces admitirlo, tras su desengaño con Rubeus. Pero, ¿qué pasaba con ella? ¿Acaso los hombres no le interesaban? Recordó un día que, llegando al apartamento que compartía con sus hermanas, saludó como de costumbre.
 
 
-       Hola chicas. Ya estoy de vuelta.
 
Aunque las otras tres se miraron de forma algo extraña, Bertie lo notó y les preguntó.
 
-       ¿Ocurre algo?
-       Vienes de ver a Ami, ¿Verdad?- le preguntó tímidamente Cooan. –
-       Sí, claro… ¿Ha sucedido alguna cosa?- Insistió ella que comenzaba a inquietarse. –
-       No, tranquila, no pasa nada – se apresuró a puntualizar Kalie, que sin embargo agregó con cierto tono de incomodidad. – Verás Bertie, no es por nada, pero. ¿No pasáis mucho tiempo juntas Ami y tú?
-       No comprendo – replicó la interpelada preguntando a su vez. - ¿Por qué dices eso? Somos amigas.
 
Fue Petz la que, para asombro de su hermana menor, puso ambas manos sobre los hombros de ésta y le dijo con una voz bastante suave y amable.
 
-       Mira Bertie, pase lo que pase te querremos igual, eres nuestra hermana. A nosotras nos lo puedes decir.
-       ¿Decir?- se extrañó Beruche para agregar visiblemente desconcertada. - ¿Deciros qué?
 
Y tras unos instantes en los que ninguna de sus hermanas parecía querer hablar, fue Cooan la que se atrevió a preguntarle con voz trémula y patente prevención.
 
-       ¿Tú y Ami?... ya me entiendes… vosotras dos… bueno…
 
Bertie tardó apenas unos segundos en percatarse por dónde iban aquellas insinuaciones. Abrió los ojos como platos y exclamó.
 
-       ¡No pensaréis que Ami y yo!…
-       No, no pensamos nada – terció Kalie levantando las palmas de ambas manos. –
-       Sí, bueno, quiero decir, eso es perfectamente respetable, cada uno tiene sus gustos. – Añadió Petz de forma conciliatoria a su vez. –
-       Chicas - Pudo decir Bertie que comenzaba a sonrojarse por momentos. – Os aseguro que no es nada de eso que estáis pensando. Somos amigas, nada más…A mí no me gustan las mujeres.
-       Entonces, ¿ella y tú, no?… - Inquirió Cooan moviendo la cabeza. –
 
Hubo un embarazoso silencio y por fin Bertie lo rompió tras suspirar.
 
-       Escuchad, sé que no soy demasiado sociable. Que no me abro mucho a la gente. Pero eso no tiene nada que ver. Me gustan los hombres, pero ahora tengo otras prioridades. Y sabéis que me cuesta mucho confiar en los demás. Solo os tengo a vosotras y a nuestras amigas guerreras. Y con Ami es algo especial, pero no en ese sentido. – Se apresuró a matizar –Nos comprendemos muy bien, tenemos muchos gustos afines, eso es todo.
-       ¡Claro!. Si ya os lo decía yo…– Exclamó Karaberasu ahora con un tono más desenfadado. –
-       ¿Cómo que ya nos lo decías tú?- Le recriminó Petz para revelar. – Si antes de que llegara estabas comentando que te la ibas a llevar por ahí para ver si ligaba de una vez con algún chico…
-       Bueno, eso prueba que estaba firmemente convencida de que nuestra hermanita comparte nuestras preferencias. – La interrumpió la interpelada como si tal cosa. –
-       Y añadiste que así se olvidaría de esas inclinaciones…- completó su hermana Petz con tono acusador. –
-       ¿Ah sí? ¿También dije eso? No lo recuerdo. ¡Qué despistada soy!  – Negó Kalie con la cabeza, en tanto sonreía de forma algo estúpida llevándose una mano al cogote. -
-       ¡Bueno, dejadlo ya! – les pedía Cooan que se sentía envarada y estaba realmente colorada pensando en su pobre hermana. –
 
 
Pero para sorpresa de todas Bertie se rio con aquella cantarina risa suya cuando algo realmente le divertía. Y pudo afirmar.
 
-       ¡Pobre Ami!- si se llega a enterar de lo que estabais pensando de nosotras, ¡con lo vergonzosa que es!...
 
 
Y sus hermanas no dijeron nada, más bien miraron a otra parte con evidente rubor. Ahora al rememorar aquello Beruche sonreía. Aunque pronto se le apagó aquella expresión al mirar como Rei se ponía roja por momentos y estrujaba una de las servilletas del restaurante, retorciéndola con ambas manos como si de cierto cuello se tratara. La muchacha parecía desprender chispas de fuego por sus normalmente profundos ojos azabache de pupilas violeta.
 
-¡Voy a matar a Usagi cuando le ponga la mano encima! - Amenazó visiblemente irritada. -¡Llevábamos semanas planeándolo y nos lo tiene que chafaaaaar!...
- Discúlpala - Le pidió condescendientemente  Ami con una gota de sudor en la cabeza a la vez que abogaba por su ausente amiga - ya sabes cómo es, no lo hace con mala intención. Pero descuida Rei, de cara a los demás yo no sé nada.- Remachó soltando una risita. -
- Esta Usagi, es tan estúpida que nunca se puede planear nada si ella está cerca. ¡Siempre tiene que meter la pata!- ¿Cómo se le ocurre ir diciéndolo a voces? ¡Hace falta ser tonta!- Añadió su compañera aun enfadada. -
 
            Todas las demás suspiraron y  una gota de sudor apareció en sus cabezas gachas, a la altura de la nuca.
 
- Ya, ya la conocemos - corearon todas a la vez -.
- Bueno, cambiando de tema.- Intervino nuevamente Rei dando un largo suspiro de resignación - ¿Cuándo iréis a las oficinas a por esos certificados? Espero que, al menos, podáis venir a la fiesta.
- Si, no te preocupes. – Repuso Cooan tratando de animar a su amiga apresurándose a añadir. -No nos la perderíamos por nada.
- Aunque tenemos diez días, - respondió Beruche - además pensábamos ir mañana mismo, no queremos demorarlo demasiado...
- Si, tenemos que preparar muchas cosas para el viaje, sea donde sea que vayamos - añadió Cooan. -
-¿Quién lo iba a decir?- .Nuestras hermanitas van a volar lejos de nuestro lado. - Se lamentó Petz sin saber claramente si lo hacía en broma o en serio. -
- No es el fin del mundo. - La animó Ami aseverando convencida. -Y seguro que estaréis en contacto.
- Parece que fue ayer cuando nos integramos en este mundo y ¡ya ves! - terció Bertie. - ¡Qué rápidos han pasados estos dos años!
 
 
            Las chicas convinieron en eso y siguieron recordando y hablando de los viejos tiempos, contándose mutuamente sus peripecias durante horas. Al fin, Ami y Rei anunciaron que debían irse ya, durante la charla Luna había llamado por el comunicador avisándolas de alguna emergencia. En realidad era algo relativo a la fiesta sorpresa de Ami. Petz dijo que también ellas tenían que levantarse pronto al día siguiente pues debían trabajar y Bertie y Cooan acercarse a por los papeles. Se despidieron quedando para otra ocasión, a ser posible en esa fiesta, esta vez todas juntas. Ya en casa las hermanas menores hacían planes, elegían ropa y demás ocupaciones propias de un viaje tan largo. Iban a estar un año fuera de casa. A la noche, cansadas pero felices, se fueron a dormir. Karaberasu y Petz quedaron solas en el salón charlando.
 
 
- Estoy orgullosa de ellas,- declaró Kalie - se han adaptado muy bien a esta  nueva vida. ¿No lo crees tú así?
- Es verdad - confirmó su hermana mayor mientras se sentaba en el sofá apartando un par de cojines - y gracias a ellas y a las guerreras tú y yo estamos aquí también. Confío mucho en ambas y sé que les irá muy bien vayan donde vayan. Para mí sus esfuerzos y su forma de ver las cosas han sido una inspiración. Han logrado contagiarme su optimismo para encarar la vida.
 
 
            Karaberasu asintió aprobatoriamente añadiendo.
 
- Si, a mí también y creo que sabrán aprovechar esta oportunidad ¡Uaaah!- No pudo reprimir un bostezo al terminar la frase y agregó. - Me gustaría seguir la conversación pero estoy muy cansada, me voy a la cama, que mañana hay que madrugar.
- Si, yo también, nos espera un largo día. Hay mucho que hacer - convino Petz levantándose del sofá y colocando de nuevo los cojines tras alisar meticulosamente la superficie en donde se había sentado. -
 
 
            Karaberasu le dio las buenas noches y se fue a su habitación. La muchacha se dispuso a ponerse el camisón y acostarse para enfrentar el nuevo día. Desde luego que tras tantas peripecias se sentía contenta. Tenía a sus hermanas y unas buenas amigas. En su caso nunca se había planteado que su vida anterior hubiera estado tan equivocada hasta que vio como sus hermanas menores desertaron. En ese momento recordaba haberse sentido más furiosa y decepcionada con ellas, porque eso hacía peligrar su propia carrera al servicio de su clan, que triste por su pérdida. Cuando Petz se ofreció voluntaria a la misión de retornar con ellas vivas o eliminarlas junto a las guerreras prácticamente estuvo obligada a acompañarla. Se avergonzaba ahora de que ella misma le dijera a su hermana mayor que acabase con las que entonces consideraba traidoras. Pero, por fortuna, pudo abrir los ojos a tiempo. Petz misma había sido corrompida por el poder de aquel báculo que Rubeus le entregase e intento matarlas a todas, ¡incluida ella misma que se suponía estaba de su lado! Tras aquello quedó en estado de shock, pero lo que más la impactó de todo fue ver que las guerreras acudían al rescate de Bertie y de Cooan y que la propia Guerrero Luna se interesó por ella. Así pudo darse cuenta del significado del amor y la amistad. Entonces colaboró con sus nuevas aliadas a salvar a Petz. Después, todas unieron fuerzas para tratar de eliminar la amenaza de aquel agujero del vacío. Aquella maldita trampa de ese malnacido de Rubeus. Lo cierto es que Karaberasu le conocía bastante bien. Más de lo que nunca les contara a sus hermanas. Muy al principio tonteó con su apuesto comandante e incluso llegaron a citarse un par de veces, al menos hasta que ella descubrió que solamente la consideraba un trofeo. Después, pese a seguir a sus órdenes, no demostró interés en cumplir los cometidos que él la encomendaba. Siempre que podía iba con Petz. En esa época su pobre hermana Cooan estaba bajo el hechizo de ese canalla, y para oprobio de Kalie, ella ni se molestó en tratar de desengañar a la muchacha. Después, cuando al fin fueron libres y comenzaron sus nuevas vidas, ella se quitó el nombre de Calaverite y lo modificó. Era un símbolo de ese nuevo comienzo. No obstante, si era honesta consigo misma, a veces extrañaba la comodidad de la vida del siglo XXX en Némesis y sus poderes. Lo bueno es que su carácter extrovertido y juerguista se mantenía. Incluso arrastraba a veces a sus hermanas más jóvenes, no tanto a su hermana mayor. Kalie sabía que Petz tenía una espina en su corazón, y pese a que muchas veces discutían las dos eran muy afines por edad y vivencias compartidas y se querían muchísimo. Eso no significaba que quisiera menos a sus otras dos hermanas, claro está. Respecto a las guerreras ahora solo tenía sentimientos de agradecimiento. Sobre todo, tenía una particular afinidad con Minako, a la que, como a ella, le encantaba el jolgorio, el llamar la atención y el mundo de la fama. Recordaba alguna que otra conversación que tuvo con la joven Sailor Venus. Un día de tantos que habían salido de tiendas las dos paseaban por las calles de Tokio y veían escaparates.
 
-       Ese vestido es ideal para combinarlo con mi lazo y unos zapatos a juego. – Le contaba Kalie a su amiga –
-       Si. – Convenía Minako asintiendo con entusiasmo. – Y allí veo una chaqueta que es una monada.
-       ¿No ha venido contigo Artemis?- Quiso saber su acompañante, cambiando de tema. –
-       No le gusta ir de tiendas. Dice que le agoto yendo de un escaparate a otro. – Sonrió la sailor. –
-       Los hombres siempre son iguales – repuso Karaberasu afirmando divertida – ¡Aunque sean gatos! Pero luego bien que les gusta el vernos atractivas y para eso tenemos que vestir con elegancia.
-       Es verdad. ¿Qué le vamos a hacer, verdad?- Suspiró Minako agregando de modo jovial. – Ser bonitas no es un pecado.
-       ¡Ay!. La verdad es que a veces me dan pena los pobres tipos que tratan de ligar con nosotras. – Le comentó su amiga –
-       Sí, eso de ser la representación del amor y la belleza a veces es una dura carga – rio su contertulia a su vez. -
 
 
Y ambas se rieron de forma cómplice, esas tardes de tiendas y charlando sobre las tendencias y algún que otro cotilleo eran muy refrescantes. Lo cierto es que Kalie no podía hablar demasiado de eso con sus hermanas. Petz estaba casi siempre pensando en el trabajo, Bertie y Cooan en sus estudios. Al menos también tenía a Minako y a las otras para intercambiar confidencias. Cuando se ponían a ello las guerreras podían ser de temer. Cotilleaban tanto que ni Kalie era a veces capaz de seguirlas. Pese a todo le encantaba pasar tiempo con ellas y disfrutaba de su amistad. Pero quizás, si sentía que alguien no era tan feliz como podría serlo era precisamente su hermana mayor. ¡Ojalá que pudiera animarla! Y más ahora que las pequeñas parecían encauzar sus vidas por un rumbo distinto…
 
 
Y por su parte Petz seguía sentada en el sofá, pensativa. Todavía recordaba aquellos últimos dos años después de su lucha contra las sailors. Tras su derrota se dieron cuenta de que tan sólo estaban siendo utilizadas por su comandante Rubeus. Ella misma se convirtió en un instrumento de los pérfidos planes de la Luna Negra. ¡Llegó a estar tan cegada por la ambición que incluso trató de matar a sus propias hermanas! Aquel báculo era una fuente de poder tan embriagadora que llegó a anular sus propios sentimientos fraternos en pro de aquella ambición malsana de ascender. Cuando lo recordaba se sentía muy culpable. Pero afortunadamente pudieron vencerla y sobre todo convencerla de que su camino no era el adecuado. Y fueron sus dos hermanas pequeñas, a las que ella había cuidado desde que llegaron a la corte de Némesis, las que le abrieron los ojos con la ayuda de Guerrero Luna y las demás. Desde entonces Petz se juró ayudar siempre a sus hermanas para que lograsen ser felices y consiguiesen cualquier cosa que llegaran a proponerse. Se sentía en deuda con ellas y creía firmemente que esta era una gran oportunidad para brindarles a ambas su cariño y su apoyo. Iban a irse muy lejos, a otro continente y no se verían en bastante tiempo. Pero ella se aseguraría, como lo había estado haciendo desde entonces, de que las cosas marchasen aquí, cuidando de la tienda y de la casa junto a su hermana Karaberasu. Fue una suerte que guardasen algunas de las gemas que trajeron de Némesis, pudieron venderlas y sacar lo bastante como para comprar la casa  en un barrio tan caro y empezar a pagar Otafukuya. Ahora debían trabajar muy duro para salir adelante y seguir prosperando como hasta entonces. Podría decirse que en ese aspecto no habían tenido problemas. Esos años las habían tratado bien dándoles bienestar material y sobre todo amistad, con las guerreras y sobre todo entre ellas mismas. Lo cierto es que vivían bien y eran felices así, aunque en el fondo Petz las envidiaba un poco a todas. A las más pequeñas por su alegría y la enorme facilidad con la que pudieron desligarse de sus antiguos recuerdos y a Kalie porque el vigor y el optimismo innato que poseía. El carácter abierto de Karaberasu, unido a su gran fe en sus propias posibilidades, que la habían hecho adaptarse estupendamente a su nueva vida, sin ningún lastre emocional. Era Petz misma la que siendo mayor guardaba más recuerdos de su planeta y su época natal. Pero sobre todo, y pese a negarlo siempre ante sus hermanas, mantenía clavado en su corazón los últimos momentos que pasó junto a Zafiro. ¡Le tuvo tan cerca y tan lejos a la vez! ¿Qué habría pasado si él hubiera podido regresar? Cuantas veces soñaba que aquel magnífico muchacho volvía a entrar por la puerta y en su vida. De haber retornado seguramente hubiesen empezado una vida juntos, ¡por fin juntos! Pero eso ya no podría ser. A veces pensaba en que al menos no estaba sola en esa situación, su hermana Cooan sufrió también por Rubeus, pero eso fue un enorme desengaño. Aquel bastardo se sirvió de ella igual que hizo antes con Karaberasu. No obstante la mayor del resto de sus hermanas no se enamoró de él, simplemente fue una aventura sin más. Cooan por el contrario era dulce y sensible bajo esa apariencia de maligna que se había construido alrededor, demasiado joven e inexperta para ese mundo despiadado que la rodeaba y fue muy vulnerable a los manejos de ese cínico. De todos modos lo mejor que le pudo ocurrir fue que Rei la liberase de ese sufrimiento y la ayudara a empezar de nuevo junto con las otras guerreras. Igual que hizo Ami con Beruche, la tercera de las hermanas, siempre tan introvertida y callada  y a la vez simpática y tímida cuando se podía llegar hasta ella, con un  gran corazón que en vano se esforzaba por ocultar en la Luna Negra. Fue la única de ellas que se apiadó de Cooan cuando ésta desertó.
 
 
-Esas dos desde siempre estuvieron muy unidas. - Meditaba Petz. - Mi caso ha sido distinto. Ellas pueden permitirse el lujo de soñar nuevamente en enamorarse de alguien. Pero yo no. Yo te tuve a mi lado y ambos supimos que nos queríamos. Tú nunca me engañaste Zafiro, tan sólo estabas ciego, igual que yo. Por lo menos tú sólo te preocupabas por Diamante, lo que yo fui incapaz de hacer por mis hermanas entonces, cuando estaba amargada y poseída por esa ansia de poder. Pero pudimos ser libres y nos quitamos la venda a tiempo. Aunque el destino fue muy cruel y te arrancó de mi lado cuando creí tenerte por fin.
 
 
      Aquellos pensamientos le dolían en lo más profundo del corazón cada vez que los dejaba fluir.  Recordaba con una mezcla de pesar y nostalgia cuando caminaban hacia el refugio, en pleno ataque y ella le vio. La ciudad estaba cada vez más desierta. Cooan suspiró mirando en derredor para afirmar.
 
-¿Habéis visto? Al parecer las cosas se han puesto muy serias. Ya no hay casi nadie por las calles. -
-Sí, lo mejor será darnos prisa por entrar al refugio. - Convino Karaberasu. –
 
Petz asintió descuidadamente cuando algo captó su atención, una figura conocida iba arrastrando los pies y apoyándose contra la esquina de la calle de enfrente. Creyó reconocer a…
 
-¡Zafiro! - Pudo decir entre asombrada e incrédula. -
 
 
Las demás no parecieron haberle visto, pero su hermana corrió repentinamente cruzando la calle. Tomadas por sorpresa la llamaron en vano, finalmente todas fueron tras de Petz.  Cuando la alcanzaron ella estaba arrodillada sosteniendo la cabeza de un hombre que parecía estar herido. Para conmoción de todas reconocieron a Zafiro, el hermano menor del príncipe Diamante. Estaba sin sentido.
 
-Chicas ayudadme, tenemos que llevarle a casa. - Les pidió Petz. -
-Pero, debemos ir al refugio, - opuso Beruche. -
-¡Por favor!- Les suplicó su hermana dejándolas atónitas, eso era algo que jamás le habían visto hacer. Sobre todo cuando añadió con visible gesto de sufrimiento y temor en su voz. - Morirá si le dejamos aquí. Os lo ruego, ¡ayudadme!
 
 
Sin pensarlo ya dos veces Beruche asintió,  tanto ella como Karaberasu y Cooan se aprestaron para tratar de transportar a Zafiro junto con Petz. Pesaba bastante pero entre las cuatro lograron levantarlo y pasando los brazos del muchacho por los hombros de las dos mayores. Por fortuna su casa no estaba lejos. Cooan y Bertie las iban relevando cuando se cansaban. Pudieron subirle al ascensor sin problemas. Entraron con él a cuestas en el apartamento y finalmente le metieron en el dormitorio de su hermana mayor. Entre todas le curaron las heridas de la mejor forma que pudieron y le acostaron.
 
 
Las chicas le dejaron dormir. Petz preparó algo de comer en tanto Karaberasu le decía con palpable desasosiego.
 
-¿Qué podemos hacer? No tiene buen aspecto.
-Solo necesita descansar. - Afirmó tajantemente su hermana mayor. –
-Pero. ¿Qué sucederá cuando se despierte? – Inquirió Bertie con visible temor en el rostro sin poder evitar expresar sus miedos en voz alta. – Quizás haya venido a castigarnos por haber traicionado al príncipe Diamante.
-Si. Para él debemos de ser únicamente unas desertoras. No sabe la razón por la que lo que hemos hecho. – Añadió Cooan, también visiblemente inquietada.-
-No os preocupéis. Yo hablaré con él y se lo explicaré todo. Zafiro siempre fue comprensivo y amable. Lo entenderá.- Las tranquilizó Petz.-
 
 
Sus hermanas se miraron atónitas, al menos las pequeñas. ¿Desde cuándo había dejado Petz de odiar a los hombres? Jamás había hablado bien de ninguno. Su hermana mayor las observó con una débil sonrisa. Dándose cuenta de aquello y comprendiéndolas. Claro. ¿Qué podían saber ellas de su vida íntima?
 
-Voy a ver qué tal se encuentra. - Les comentó con tono amable y suave, a la vez que en una bandeja ponía un plato de sopa y algo de pan. -
 
La muchacha entró en la habitación. Justamente parecía que él se había despertado tras haber tenido quizás alguna pesadilla. Al poco se percató de que estaba en una cama. Pero su sorpresa fue manifiesta al verla a ella.
 
-¿Ya te has despertado?- Quiso saber la chica con voz suave, mostrando la preocupación en su rostro. - ¿Cómo estás?
-¡Petzite!- Pudo exclamar él con voz aun débil en cuanto la reconoció.- ¿Dónde estoy?
-En mi dormitorio - le susurró su interlocutora, dejando la bandeja en una mesita y acercando una silla para sentarse a su lado.-
 
 Zafiro entonces pudo añadir, como si tratase de recordarlo con claridad.
 
-Has estado viviendo en la Tierra desde que nos traicionaste.
-Si- admitió ella. - Y estoy lista para ser castigada, pero te pido que perdones a mis hermanas, ¡por favor! -Le suplicó la chica dejando translucir algo de su velada angustia. En tanto se llevaba una de sus manos al pecho.- Castígame solo a mí. Yo soy la mayor y la responsable.
-No te preocupes. - Sonrió él. - No he venido a actuar de ejecutor.- Pero dime.- Quiso saber  ahora con patente curiosidad - ¿Cómo has podido sobrevivir aquí?
-Tengo a mis hermanas, y ellas me tienen a mí. Nos cuidamos mutuamente. Lo cierto es que hemos descubierto que este mundo es maravilloso. Quizás la vida aquí comparada con Némesis y sus facilidades es mucho más difícil. Pero nos hemos dado cuenta de cuánto valen el amor y la confianza.  Es tal y como todo era en nuestro mundo cuando todavía era libre de la influencia del mal.
 
Su interlocutor escuchó atentamente la historia que le contó aquella mujer que parecía totalmente cambiada y así se lo reconoció él con patente admiración.
 
-Estás tan diferente. Pareces otra mujer. Y debo decirte que me gusta mucho este cambio tuyo.- Halagó en tanto Petz le acercaba la bandeja con la sopa, cosa que Zafiro agradeció. -
-Gracias, - sonrió ampliamente la muchacha, ruborizándose incluso para añadir. -  Fueron Guerrero Luna y unas amigas las que nos enseñaron que se puede vivir plenamente y amar. Entregarse a los demás y confiar, sin temores y sin odios.
-Entonces hemos estado equivocados desde el principio.- Musitó el muchacho con amargura agregando con patente temor. - Ese maldito Hombre Sabio nos llenó la mente de mentiras y deseos de venganza y quizás ya sea tarde. ¡Debo hacer algo y rápido!
 
Viendo la cara de preocupación de Petz, Zafiro le contó lo sucedido, remachando a continuación.
 
-Tengo que ver a mi hermano y contarle lo que está pasando. ¡Está en peligro!
-Tú eres el de siempre. - Se lamentó ella. - Sólo piensas en el príncipe Diamante.
-Debo levantarme y salir. – Pudo replicar el chico.-
 
Y se esforzó tratando de hacerlo pero cayendo presa de la debilidad. Volvió a tratar de levantarse, esta vez con éxito. Pero cuando estaba a punto de trastabillarse de nuevo Petz le sujetó abrazándose a él.
 
-¡No!, ¡debes seguir en la cama, estás muy débil!- Pudo oponer ella con creciente alarma. -
-Tengo que advertir a Diamante… - Repetía obsesivamente él.-
-¡No! – Chillo Petz entre lágrimas, cosa que dejó atónito a Zafiro, más cuando ella añadió llorosa. - Si vas a verle puedes morir, y yo no soportaría que algo te ocurriera. Si tú perdieras la vida, ahora que te he vuelto a ver…
-Escúchame. Por favor. – Le pidió cariñosamente él, realmente conmovido por los sentimientos de aquella muchacha. -
 
 
Era una extraña sensación. En sus ojos se notaba que podía percibir la preocupación y el cariño que ella le mostraba. Hacía mucho tiempo que no debía de sentir nada parecido. Zafiro la tomó suavemente de los hombros le dijo con voz amable y llena de afecto.
 
- Tengo que hacerlo. Si tú supieras que tus hermanas estuvieran en grave peligro y que algo terrible amenazase su seguridad, también tratarías de ayudarlas. ¿No es así?
 
La compungida chica no tuvo más remedio que asentir en tanto las lágrimas le caían profusamente, rodando por sus mejillas. Zafiro se enderezó añadiendo con sentimiento y dulzura.
 
-Diamante es mi único y querido hermano. No me lo perdonaría si le sucediera algo. Lo comprendes, ¿verdad?
 
Petz trató de decir algo, pero él posó un dedo sobre sus labios para añadir con tono de promesa.
 
-Y cuando haya hablado con él. Volveré aquí otra vez. Te dejaré mi chaqueta hasta que vuelva. – Señaló hacia una pared donde su americana de color azul marino reposaba colgada en una percha. -
 
 
Y ella solo pudo dejarle una camisa que el chico se puso para salir del cuarto. La muchacha salió a la terraza para rezar, suplicar por la seguridad de aquel muchacho al que tanto amaba. Por unos instantes se maldijo. Tanto tiempo soñando con esa oportunidad y cuando la había tenido no fue capaz de decírselo. Aunque luego comprendió. No había hecho falta hacerlo con palabras. Él lo supo. Por eso la miró de aquella manera tan especial, llena de un brillo de amor y de dulzura con la que correspondió a  esos sentimientos. Aquella expresión de él le quedaría grabada para siempre. Después, tras unas horas angustiosas, llegaron las trágicas noticias. Pero Petz ya lo sabía, se percató de eso cuando un terrible pálpito casi le quita la respiración al tiempo que la percha donde sujetaba la chaqueta de Zafiro se partía, dejando que ésta cayera al suelo. La muchacha se abrazó a esa prenda que a los pocos segundos desapareció de entre sus manos. Entonces supo que le había perdido. A pesar de que Guerrero Luna y las otras, respondiendo a una llamada de ayuda que les hizo Cooan, trataron de protegerle. Cuando toda la lucha pasó y sus amigas guerreras afortunadamente vencieron, la propia Usagi, acompañada del resto, fueron a verlas y les pidieron perdón. Pero ella no las culpaba de nada. Todo lo contrario. Incluso trató de mostrar a sus amigas y a sus propias hermanas que se encontraba bien. Decidida a comenzar su nueva vida y olvidar por completo el pasado. Pero por mucho que fingiera siempre le acompañaba aquella melancolía. Esos recuerdos agridulces y el pesar de no haber podido enmendar su vida antes y sobre todo, el no haber sido capaz de salvarle a él.
 
 
Todos aquellos sentimientos dolían mucho. Pero se decía a sí misma que tenía que continuar. De modo que se esforzó para encerrarlos tras una compuerta mental y solamente se centró en la agitada y dura jornada que tendrían al día siguiente.
 
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